Las historias sin contar de los festivales

En la entrada de hoy hablaremos sobre esas historias que no conoces de los festivales. Y no porque no te las hayan contado. Puesto que son muchas las páginas (muy buenas algunas) y profesionales que temporada tras temporada documentan sobre eventos grandes y pequeños.

¿Protagonista o espectador?

Hoy en día el camino hacia un festival puede ser agotador si eres de los que compras la entrada con más de cinco meses de antelación. Es curioso, ¿Cómo un camino cuyo protagonista es el tiempo puede acabar siendo un lastre similar al de una mochila cargada con tu propio peso a la espalda? Por una variable vital, la paciencia.

La paciencia del público previa a la asistencia a un festival se guía por la cantidad y la intensidad del contenido que recibe a través de las redes sociales. Desde confirmaciones, ‘teasers’, ‘aftermovie’, imágenes puntuales de ediciones anteriores… Todo ello vertido directamente en la marmita del deseo.

El problema viene cuando esta pócima, ya no tan secreta, se empieza a sentir escasa. El boca a boca funciona. El contenido funciona. ¿Pero funciona realmente con el público que no asiste por primera vez al festival?

Festivales. Del contenido digital al experiencial

Novatos y veteranos. Como aquél concepto futbolístico de ‘Zidanes y Pavones’. Los que van a conocer y los que ya conocen. Así podríamos seguir con las acepciones. Pero vayamos al grano. La persona que se estrena un verano con cuatro asistencias a festivales, estará desde octubre, incluso septiembre deseando recibir novedades desde los perfiles de los festivales a los que ha asistido y asistirá. A eso le sumamos que tiene un conocido que ha ido a otros eventos. Intercambian información. Ambos aumentan proporcionalmente sus ganas de asistir a un festival el próximo verano. Y esta cadena solo puede ir a más.

Aún recuerdo los años de Monegros Desert Festival en los que te volvías con una ‘mochilita’ de tela a casa, estuviera llena de polvo o impoluta por haberse quedado en el maletero del coche durante las 21h que duraba el evento. También entregaban tokens al instante por recoger y entregar tubos de plástico en las primeras ediciones de Dreambeach Festival. La gente iba por el festival, a las siete de la mañana con torres de tubos que llegaban a medidas que bien podrían ser las de una persona de estatura media. Increíble.

¿Quién no ha deseado verse en el ‘aftermovie’ de su festival favorito? Cuidado con las caras…

Las historias sin contar de los festivales

Sentir o recordar. He ahí la cuestión

Tras meses de contenido digital, el público llega al evento envuelto en un júbilo y una euforia que estallan completamente tras escuchar la primera nota musical. Ahora. ¿Hasta qué punto de intensidad vive el público esta experiencia? Muchos dirán que el mero hecho de asistir a disfrutar de tus artistas favoritos resume una experiencia inigualable. Razón no les falta. Pero cuando llevas una década asistiendo a disfrutar de tus artistas favoritos, ¿disfrutas en la misma medida que disfrutaste tu primera vez? Depende.

La veteranía te hace esperar cosas. Y muchas veces esas cosas no llegan como esperabas. Otras, en cambio, vienen en pequeños detalles que aunque no son trascendentes, suman. El público a veces no espera un ‘súper’ escenario. El público espera experiencias. Y estas se están perdiendo precisamente por el esfuerzo que hacen los grandes eventos en ofrecer escenarios hollywoodenses y ‘line-ups’ de infarto. Pero entonces… ¿Un festival no trata precisamente de esto? Para el novato encontrarse con escenarios mastodónticos es uno de los detalles más relevantes para su memoria experiencial. Disfrutar de los artistas que más te gustan, es otro.

El ‘festivalero’ que ya está curtido en veranos de polvo y zapatillas desgastadas eso lo da por hecho según avanzan las ediciones. Mejor escenario y mayor nivel de artistas confirmados. ¡Qué menos!

 Los pequeños detalles importan

¿Dónde está la mochilita que se viene a casa como un tesoro de juventud? ¿Dónde encuentro ese token en forma de cerveza para tomarme según paso el acceso? ¿Dónde puedo llevarme esa camiseta de mi festival favorito por la que no quiero pagar treinta y cinco euros?

Los contenidos hoy en día son cada vez más completos, buscando el ‘engagement’ o compromiso del público con tu festival. Los festivales actúan como marcas. Algunos con ediciones internacionales. Perfiles en redes sociales con miles de seguidores. Funcionan como biela bien engrasada. Sin fallo aparente. Se gustan y nos gusta. De eso no hay duda.

Con esta reflexión proponemos volver a esa etapa anterior, en la que lo ‘offline’ también sumaba. Cuando una mochilita es el bien más preciado tras asistir a un festival, una cerveza tras el acceso se convierte en el regalo más refrescante y recordado de una edición o te llevas una camiseta de regalo por adquirir la entrada para ese festival que te mueres de ganas de vivir.

Los detalles suman y si son tangibles, te hacen soñar.

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